Su día laboral iniciaba temprano. Antes de las 7 am, debía tomar un taxi y trasladarse a su lugar de trabajo, en el sur de la ciudad. Por desgracia estaba vigente el horario de verano, aún estaba oscuro, la mayoría de las ocasiones pedía un taxi de sitio, pero si no había la opción era caminar hacia la avenida a tomar uno, así fue. A esa hora la calle está vacía, sabemos perfectamente que vecino sale a qué hora y hacia donde se dirige. Le hizo la parada a un taxi el conductor acercó la unidad a ella, quien al abordarlo fue empujada por el cómplice del chofer del taxi. Secuestro exprés, SECUESTRO al fin y al cabo.
Duró horas, mantuvo los ojos cerrados, se aterró al sentir las armas, el metal frío. Después de que la despojaron de sus pertenencias recibió órdenes de cómo bajar de la unidad. Aun debajo del taxi su destino era incierto, por eso trató de no voltear, siguió las órdenes. Una persona normal hubiera regresado desecha a su casa, llorado toda la tarde, hablado a sus familiares para localizarlos a como diera lugar, deprimirse, no volver a salir a la calle. Mi madre, no, fue a su trabajo, “si regresaba a casa no lo iba a poder superar, y las cosas como vienen hay que afrontarlas, la vida sigue”.
Un alto porcentaje de las personas que saben sobre este mal momento me preguntan: ¿Cómo puedes seguir viviendo en el país? Nosotros aun nos lo preguntamos, y más cuestiones por las que hemos pasado, sobre todo la típica extorsión y ayer sucedió algo preocupante, pero mi padre me educó bien. Cuando era muy pequeña me decía: Talía nunca le abras a nadie, si vienen a decirte que tuve un accidente que te van a llevar conmigo, no les hagas caso, que los mandé por ti, no les hagas caso, si hablan a la casa y estás sola, nunca digas que estás sola. Estoy instruida. ¿Sus hijos, sus hermanos, ustedes?
No me han asaltado, podría escribir: Nunca me han asaltado, pero vivir aquí es incierto. Antes no temía, pero ahora, no puedo creer hasta que maldito nivel de inseguridad hemos llegado, una de las respuestas: Falta de empleo. Lo bueno es que ganó el presidente del empleo. Tampoco es una buena idea que satanice a la ciudad, porque por ahí no va el asunto.
Soy nacionalista, de las que se paran y cantan cuando escuchan el himno. Soy de las que no tiran basura en la calle, de las que no dejan que su perra se cague en la calle, quien no le da lata a los vecinos, no he sido corrupta y espero no hacerlo, caray, hasta reduzco las botellas de pet en su mínima expresión, y sé que como yo hay DEMASIADOS Y MEJORES MEXICANOS. Y al saber esto confío en mi país, en la gente, en lo políticos, no tanto. Quisiera vivir aquí siempre, pero como historiadora, creo que aquí nomás no voy a vivir bien. En México se puede vivir bien, muy bien, pero con mucho dinero.
Somos un país de jóvenes, pero muchos de esos jóvenes son NINIS, por convicción o por circunstancia. No tengo la solución, eso me frustra demasiado y me enoja más saber que hay personas a quienes no les interesa y siempre termino con: Lo que nos detiene es nuestra PÉSIMA EDUCACIÓN. Una profesora un día dijo cómicamente “¿Qué va de tener a José Vasconcelos en la SEP a una señora que escribió “Dios mío, hazme viuda, por favor”? Me parece que no debo señalar quien es el primero porque ya lo sabemos y conocemos al menos 5 de sus obras, y del “libro” citado lo escribió Josefina Vázquez Mota.
Últimamente pienso en que quiero huir irme del país, pero mi papel de ciudadana consciente me dice: Aún podemos hacer algo, pero ¿QUÉ?.
Y está fue #reflexióndemedianoche.
Besos de café sin azúcar, habemos muchos gordos en México.

1 comentarios:
Hola gran reflexión sin regaños y propaganda de optimistas!
Lo que no me gusto es que eso le pasara a tu mami, cuidala más y tu tambien :D Saluditos! Te quiero!:3
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